
Aunque no parezca, maquillarse es una forma de atención. Estás tan concentrada en que el delineado quede igual o en difuminar bien la sombra, que tu cerebro apaga el chip del trabajo y el estres.

No se trata de tapar imperfecciones, sino de usar tu cara como un lienzo para expresar cómo te sientes.
Es ese momento del día donde nadie te pide nada.